EVA LUNA (ISABEL ALLENDE)
"Eva Luna" (Isabel Allende) es la novela y también el personaje -podría haber sido Eva Sol o Eva Cielo-. Ella nos cuenta su historia desde que su madre era pequeña y vagaba sola, acompañada de sueños, con el pelo revuelto, contenta, abriendo buches de gallinas, curando enfermos y embalsamando difuntos. Después, se suma ella misma a ese mundo casi silencioso, envuelta de ilusiones y de tristeza. Sin embargo, muere la madre y se desparrama por la ciudad, en las calles, prestando servicios, hasta conocer el amor y encontrar al hombre con el que se casaría.
Normalmente se hunde en sueños, contando cuentos. Y si a veces la acompañamos a mundos extraños, sacados de la imaginación, después nos estrellamos con la realidad y afirmamos la imperecedera frase que acompaña a la humanidad: "nadie vive de sueños", aunque sean más bonitos y más digeribles.
La novela se sitúa en algún lugar de América, a donde llegan foráneos para hacer fortuna o para buscar refugio. Llegan a la ciudad y se cuelan entre la gente que los acoge. Suben colinas e invaden lugares impensados. Siembran el germen de lo nuevo y construyen sus hogares, dichosos por la nueva tierra. Así los mezclan los vientos y los hacen partícipes de los mismos sueños, de los fracasos, de los ideales y de las revoluciones. Con todos ellos, llega Rolf desde el viejo continente, el amor de Eva Luna, escapando de recuerdos feos.
Termina
la historia cuando todo se acomoda. Cada personaje encuentra el hilo de su vida
y solamente le toca seguir la cuerda, cuidando de que no se quiebre y más bien se haga
firme. Todo un revoloteo de cosas para llegar al
final del camino y la tranquilidad del alma.
Los finales felices en las historias reales casi no existen. Todo es un ir y venir de tristezas y alegrías. A veces estamos serenos y a veces nerviosos, pero Eva Luna nos suspende a su manera en la belleza, en la felicidad.

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