LA IDENTIDAD (MILAN KUNDERA)

 

 


Después del instante, "La identidad" (Milan Kundera), anuncia la espiritualidad como la que atraviesa a los hombres y los impronta. Por ese sello tan mágico, se pueden diferenciar dos rostros iguales y hacerlos misteriosos, originales. Es la pregunta que se devela: ¿es tan ínfima la diferencia entre un ser y otro que se pueden llegar a borrar las fronteras de lo personal?

La historia comienza con la espera de Chantal en el hotel de una pequeña ciudad. Su encuentro con Jean-Marc ha sido planeado. Por la demora, pasea por la playa y se tropieza con el primero de los indicios que advierten su cambio: "Ya los hombres no se voltean a mirarla". Busca la razón y su edad aparece primera. Camino al hotel, cuando Jean-Marc la “confunde” con una mujer en la playa, más vieja y con un moño antiguo, se da el segundo atisbo de incertidumbre. 

Otras circunstancias son el relevo de las dos anteriores, igual de extrañas: los sofocos que Chantal empieza a sentir, prisionera de miedos involuntarios, que a la vez son un signo de amor por su amado, el inicio de su relación y la alegoría de un sentimiento recíproco, pero igual desacostumbrado.

Jean-Marc, de tanto tiempo, no la había visto nerviosa y había olvidado el color encendido de su rostro, que él llamaba el color del amor. Lo vio ahora que la encontró en el hotel, después de que ella mencionara que los hombres ya no se volteaban a mirarla; y sin demora lo envuelve un clima de sospecha y de duda.

Las cartas que le manda Jean-Marc después, con un seudónimo, alejan a Chantal al grado de “desconocerse”. Ya no es la misma. Él las deposita en el buzón de correos con el propósito de decirle que hay alguien todavía capaz de correr kilómetros para buscar su presencia y de disfrutar de su compañía; y ella las guarda en el armario, dudosa, insegura del extraño conquistador, hasta descubrir la verdad y acusarlo de espiarla, de probar su fidelidad ya debilitada y sacudirse de ella.

Descubierto Jean-Marc -ella había malinterpretado sus intenciones y a la primera certeza de que él las depositaba había salido huyendo para Londres -la acusa de engaño, por haber guardado el secreto y comportarse de diversas formas, con unos y otros, y hasta con él mismo mantener una “extraña” postura-.

Así transcurre la novela, en una intensa búsqueda de identidad, en medio de lo cotidiano y secular, que no se circunscribe al propio yo físico, sino que asciende a aspectos más trascendentes. Una búsqueda de lo completo, del sentido del hombre, en pocas palabras.

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